Euskal Herria
Formalmente planteada como una convocatoria institucional del Gobierno de Navarra, la marcha ultraderechista del sábado 17 de marzo que recorrió las calles de Iruñea fue en realidad la segunda parte de la manifestación pepera del día 10 en Madrid, otro peldaño más en una frenética campaña de agitación de cariz neofalangista de los herederos políticos, y en muchos casos biológicos, del franquismo. “Navarra es la primera oportunidad para descarrilar el proceso de negociación política con ETA” proclamaba Mayor Oreja pocos días antes, mostrando la ralea fascista que le caracteriza.
Movilización que fue un fracaso a pesar de la fuerte presión mediática, del apoyo de la Confederación de Empresarios Navarros, del llamamiento del presidente navarro, Miguel Sanz, a “la ciudadanía española en general”y, que trajo a la plana mayor del PP acompañada por cientos de autobuses venidos de fuera de Euskal Herria, hasta el punto de eclipsar, en gran medida, al facherío navarro autóctono. Berrea del odio y la ignorancia, desfile nacionalcatólico españolista para incondicionales. Un espectáculo grotesco con parafernalia ad hoc y despilfarro a manos llenas de dinero público usado de manera sectaria. Únicamente, ya que la lista sería muy larga, como pequeño botón de muestra los 500 contratados por el Gobierno de Navarra para el servicio de orden de la marcha que podemos imaginar fueron rápida y fervorosamente cubiertos por las juventudes adeptas al Régimen. Mar de banderas al viento, demagogia sin argumentos, simplificación ruin del lenguaje y gritos desaforados por España y por Navarra, mejor dicho, por “su”España y “su” Navarra. Menos mal que no existe el nacionalismo español, como dicen clarividentes personajes de la pseudoizquierda como Fernando Savater y sus compinches de Basta Ya que hasta hace bien poco se mostraban tan activos denunciando los males del nacionalismo, haciendo el trabajo sucio a los sectores más fascistas del estado, y hoy han sido desplazados por sus compañeros de viaje. Son los riesgos de ir de la mano con quienes jamás han hecho el más mínimo gesto de condena del terror del fascismo franquista. Claro, que unos y otros entonces como ahora comparten los mismos argumentos básicos y, exultantes proclaman con orgullo reaccionario el “milagro democrático” de una España de tercera fila transmutada en estado imperialista y octava potencia mundial. Traduciendo, las empresas españolas participan del saqueo y la explotación en numerosos países del mundo, y si, por ejemplo, hay que asesinar en masa para defender sus intereses o el sistema capitalista imperialista mundial, el estado español lo hace o colabora con los medios necesarios: primera Guerra del Golfo, bombardeo de Yugoslavia, invasión de Iraq, el continuado intento de destrucción del pueblo palestino, etc., etc.
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