Ya está en marcha el siguiente paso en la ofensiva capitalista contra las trabajadoras y los trabajadores del Estado español. Bajo el eufemismo de “copago sanitario” se pretende que paguemos por acudir al medico del ambulatorio, que aumente el porcentaje que pagamos por las medicinas y buena parte de los costes de hospital si nos vemos obligados a ingresar por una afección o para una operación.
El autor desgrana los argumentos contra el copago sanitario, medida que podría implantarse en el Estado español en un futuro muy próximo.
El sindicato UGT en Navarra presentará un expediente de regulación de empleo que podría afectar a 19 ó 20 trabajadores de su plantilla en las distintas comarcas de Navarra, según fuentes del sindicato. El excedente se concreta en 19 puestos de trabajo entre el personal adscrito a aquellos programas del Plan de Empleo (inmigración, juventud, orientación laboral, salud laboral y servicios sociales) que el Gobierno de Navarra subcontrata al sindicato y cuyo presupuesto se ha visto recortado en 2011.
Veintiséis años retrocede la capacidad adquisitiva de quienes son retribuidos con el salario mínimo, mientras el paro vuelve a los niveles de 1960.
Un informe conjunto del FMI y la OIT, asegura que la cifra mundial de parados es la más alta de la historia, con 210 millones de desempleados, 30 millones más que en 2007, antes de que entrara en escena la crisis económica.
Las predicciones fallidas sobre el ocaso del capitalismo subestimaron la capacidad de los gobiernos de saquear las arcas públicas para resucitar al capital
En los países europeos como España, Francia, Alemania, Grecia y Portugal, se ha venido aplicando desde hace décadas una política fiscal regresiva, esto es, una política fiscal en la cual el porcentaje de impuestos que debe pagarse sobre el total de la base imponible es mayor cuanto menor es la renta.
Ya no disimulan. Reconocen abiertamente que, “en contra de su voluntad”, tienen que legislar obedeciendo “los mercados”. Que si no se adoptan medidas de rebaja de salarios, de indemnizaciones por despido, de pensiones, de gasto social, los “mercados” no compran la deuda pública y, entonces, no hay dinero para sostener el Estado. Justifican las más bochornosas medidas, contrarias a la voluntad popular, en que les vienen impuestas por los “mercados”. Y nos dicen que no hay alternativas. Y que esa sumisión a los “mercados” es inevitable.
Si algo ha conseguido esta crisis es barnizarnos con una gruesa capa de miedo. Salvo los muy ricos, que por no temer no temen ni al impuesto que les va a preparar Zapatero cuando se recupere del susto del jueves, el resto vivimos atenazados por el pánico. Es algo más que la inquietud lógica a que la empresa cierre, a que el jefe ajuste cuentas y nos dé el paseíllo hasta el INEM porque un día le miramos mal en la máquina del café o a que el banco se quede con la casa, con lo difícil que está encontrar ahora un puente libre.
La crisis que están viviendo algunos países mediterráneos –Grecia (en especial), Portugal y España– e Irlanda se está atribuyendo a su excesivo gasto público, que se supone ha creado un elevado déficit y una exuberante deuda pública, escollos que dificultan seriamente su recuperación económica. De ahí las recetas que el Fondo Monetario Internacional, el Banco Central Europeo (BCE) y el Consejo Europeo han estado imponiendo a aquellos países: hay que apretarse el cinturón y reducir el déficit y la deuda pública de una manera radical.
Un conflicto abierto entre burguesías financieras. Esto es latente sobre todo en los conflictos que hay entre los mercados europeos, asiáticos (China y Rusia) y estadounidenses. Y, a partir de ahí empieza a visualizarse una nueva correlación de fuerzas en las principales regiones estratégicas del planeta.